La historia del camionero y triatleta que clasificó al Mundial de Hawaii


Carlos Castillo es un triatleta con una historia particular, puesto que trabaja como camionero en jornadas de entre 12 y 14 horas, y aprovecha sus tiempos libres para entrenar. En octubre competirá en el Campeonato Mundial de IRONMAN en Hawaii, y en conversación con Trichile habló sobre cómo compatibiliza el deporte y su trabajo, además de contarnos algunas anécdotas de su vida.

Foto: Gentileza Carlos Castillo

Castillo tiene 35 años y vive en Constitución, en la Región del Maule, lugar en donde se desempeña como camionero hace 12 años, lo que según el propio Castillo es “un trabajo bastante sedentario, se pasan muchas horas sentados, pero creo que aquí es la intención, la pasión y el amor que uno siente por realizar actividades ajenas a los laboral, en este caso a la práctica deportiva, lo que me ha tenido siempre activo”.

“Es muy raro ver conductores de camiones que hagan deporte, si bien muchos juegan a la pelota, este tipo de deportes como triatlón o ciclismo de forma competitiva no se da mucho entre los compañeros, por eso le ha llamado la atención a muchas personas”, agrega.

Para Carlos se hace complejo compatibilizar su vida laboral con la deportiva, y agradece el sacrificio que también hace su familia, ya que ellos también se preocupan en hacer las cosas más fáciles “para que yo en los momentos que tenga disponible pueda realizar las prácticas deportivas que correspondan al día”

“Finalmente la que termina sacrificándose es la familia porque en la semana los veo muy poco, solamente en la llegada a la casa y así es como terminan sacrificándose ellos”, reflexiona Castillo, quien aprovecha sus horas en la casa principalmente para poder dormir y recuperarse para sus próximas sesiones de entrenamiento luego de sus extensas jornadas laborales, las que en algunos casos pueden llegar incluso a 18 horas de trabajo. 

La pasión de Carlos por el deporte comenzó con el ciclismo, “la bicicleta me gusta desde que tengo memoria”, recuerda. Desde el 2004 y hasta el 2010, Castillo se dedicó al mountainbike, participando en varios campeonatos nacionales y regionales, obteniendo buenos resultados en la categoría sub23 “mi fuerte siempre fueron las distancias largas”, asegura el triatleta chileno.

Sin embargo, su incipiente carrera en el ciclismo se vio truncada. En 2010 sufrió una lesión en la columna que casi lo aleja del deporte para siempre, Castillo tuvo una hernia lumbar, la cual no pudo operarse sino hasta el año 2015, “yo lloraba porque no podía hacer ciclismo” confiesa. Fueron tiempos muy complejos “no podía valerme por mí mismo, dependía de mis papás para todo, ir al baño, ducharme, no podía mover las piernas”.

Foto: Gentileza Carlos Castillo

Luego de lograr operarse, el objetivo de Carlos era claro: volver al deporte. En 2016 retomó el mountainbike pero de modo muy recreativo y así se mantuvo hasta 2018 cuando se sintió suficientemente bien como para volver a competir, así se dio la oportunidad de probar con su primer triatlón, el IRONMAN de Coquimbo. “No sabía nadar, pero siempre quise participar en un IRONMAN, así que me dediqué un mes en aprender”, recuerda.

En su primera incursión en un triatlón 70.3, Castillo terminó con un tiempo de 5 horas y 35 minutos, logrando terminar la etapa de natación en 47 minutos, “de ahí que quedé encantado y seguí practicando y participando”, relata. Incluso las complicaciones con las que quedó después de su cirugía fueron desapareciendo a medida que intensificaba su práctica deportiva, “con el triatlón tuve un progreso tremendo, con la natación muchas de las molestias se fueron eliminando; la sensación de contracturas, cansancio en piernas y caderas también desaparecieron”, asegura.

Pareciera que el destino de Carlos Castillo siempre fue llegar al triatlón. En 2004, luego de terminar cuarto medio, tomó la determinación de no estudiar debido a las dificultades económicas que enfrentaba su familia, aun así sus padres hicieron el esfuerzo de darle los 25 mil pesos que costaba la PSU para poder rendir la prueba, sin embargo, Carlos tuvo otro plan. “Me compré un casco de ciclismo y es la mejor decisión que he tomado en mi vida, hasta el día de hoy no me arrepiento”, dice recordando su pasado.

Foto: Gentileza Carlos Castillo

Eso sí, tiempo después le reveló a su familia lo que había hecho con el dinero y ellos estuvieron de acuerdo “me dijeron que esa plata era de libre disposición y yo sabía lo que hacía”.

Así comenzó para él un camino lleno de historias, que hoy lo lleva a su primer mundial. En 2020, mientras se preparaba para competir en el IRONMAN de Bariloche, olvidó cortarse el pelo, para sentirse más cómodo con el casco y el gorro de natación, al no encontrar ninguna peluquería abierta en la ciudad decidió cortárselo él mismo, así fue como sus compañeros comenzaron a apodarlo “chascoberto” como el personaje de 31 Minutos de la canción “me cortaron mal el pelo” por el desastre que se hizo.

Foto: Gentileza Carlos Castillo

Hoy en día, Carlos sólo piensa en su próximo desafío, “quedan dos meses para el campeonato mundial en Hawaii, así que no hay tiempo para generar grandes cambios, seguimos con los trabajos habituales”, comenta sobre su preparación. “Lo principal es ser más inteligente para planificar la carrera, no volverme loco realizando grandes distancias o maltratar mi cuerpo innecesariamente, así que los cambios en la preparación no son muchos”.

Castillo y su equipo llevan a cabo un cargado plan de trabajo y tienen proyectado agregar una o dos semanas más de entrenamiento para distancia larga antes del mundial. De lunes a viernes trabajan ejercicios de potencia, reacciones y ritmo, mientras que el fin de semana lo utilizan para practicar las distancias largas.

Foto: Gentileza Carlos Castillo

Sobre cómo logra participar en competencias pese a su pesada carga laboral, Carlos explica que “la empresa donde trabajo ha sido muy flexible con eso, me permiten tomarme vacaciones en intervalos, de 5 o 10 días, para poder ir a competir y cuando no tengo más días libres disponibles, recurro a permisos laborales sin goce de sueldo, aunque no lo hago muy seguido, sólo dos veces al año”. Además, se preocupa de cumplir bien en el trabajo, ser respetuoso y responsable, para poder acceder a esos acuerdos.

Foto: Gentileza Carlos Castillo

Los colegas de Castillo no logran explicarse como él tiene energía para entrenar luego de trabajar turnos de 12 horas, por lo que aplauden y apoyan bastante su dedicación. Su compañero de camión, Cristián Aravena, sabe lo que es el sacrificio para hacer de deporte, ya que, él solía practicar boxeo. Es por eso que apoya y ayuda en todo lo que puede a Carlos, para que así pueda planificar sus entrenamientos y cumplir con sus tiempos.

Carlos también agradece el apoyo de Tribike Chile, quienes le facilitaron su bicicleta Quinta Roo, “han estado pendientes de lo que estoy haciendo” dice con gratitud el triatleta.

Además, ha recibido grandes aportes de Helly Hansen, Garmin y Buff Chile, estos últimos también comprometieron un aporte económico para el viaje de Castillo a Hawaii, porque lo que él está muy agradecido.

“Todos ellos me han facilitado mucho las cosas, gracias también a Trichile por estar siempre apoyando las competencias y dando a conocer a los deportistas, porque un triatlón sin Trichile no es triatlón”, cierra el próximo mundialista chileno.

Por Lukas Contreras

Martes 2 de agosto de 2022

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