Mi hijo en estado vegetal


En Massachusetts, el 10 de enero de 1962 nace Rick Hoyt, hijo de Dick Hoyt. Al nacer Rick tiene problema con su cordón umbilical, que se enrolló alrededor de su cuello y cortó el flujo de oxígeno a su cerebro. A Dick y a su esposa, Judy, se les dijo que no había esperanza de que su hijo se desarrollará, quedando en estado vegetal y que incluso le recomendaron “sacrificarlo”.

Gracias a sus padres, que ignoraron el diagnóstico de los médicos que indicaron que él se mantendría en un estado vegetal persistente, hicieron que Rick tuviera una vida “normal”. Lo llevaron a la escuela pública, que interactúe con niños de su edad y a los 7 años un grupo de ingenieros de la Universidad de Tufts llegaron al rescate, una vez que vieron algunas pruebas claras de las habilidades de comprensión de Rick. “Le contaron un chiste, y Rick se mató de la risa” cuenta Dick. “¡Ellos entendieron que podía comunicarse!”. Los ingenieros entonces iniciaron la construcción de una computadora interactiva que le permitiría a Rick escribir sus pensamientos usando los ligeros movimientos de su cabeza que podía dominar. Cuando trajeron la computadora por primera vez a casa, Rick sorprendió a su familia con su primera “palabra hablada”. ¡Ellos esperaban un “¡Hola Papá” u “¡Hola mamá”, pero Rick escribió “Vamos Bruins!” Los Boston Bruins estaban en las finales de la Copa Stanley esa temporada, y la familia se dio cuenta de que él había estado siguiendo los juegos de hockey al igual que el resto. “Así aprendimos que a Rick le gustaban los deportes”.

Dick, su padre, era un ex teniente Coronel del Ejercito USA, no practicaba mucho deporte, pero en 1977, entraron a su primera carrera juntos como padre e hijo. Una carrera benéfica de 5k para un jugador de Lacrosse lesionado, que fue compañero de escuela de Rick. Dick, quien definitivamente no era un corredor de distancias, aceptó empujar a Rick en su silla de ruedas. Terminaron al lado del último, pero sintieron que habían logrado un triunfo. Esa noche, Dick recuerda: “Rick nos dijo que no se había sentido como un discapacitado mientras competía”. He ahí donde se inicia el encanto por las carreras en conjunto Padre-Hijo. Hasta junio de 2005, el Equipo Hoyt participó en un total de 911 eventos, incluyendo 206 Triatlones (6 de los cuales fueron Ironman), 20 Duatlones y 64 Maratones, incluyendo 24 Maratones de Boston consecutivas. Ellos además han hecho bicicleta y corrido a lo largo de Estados Unidos, una jornada de 3.735 millas que les tomó 45 días. Durante los últimos 35 años, Dick, de 72 años, ha empujado y tirado de su hijo por todo el país, pasando por cientos de líneas de meta. Cuando Dick corre, Rick está en una silla de ruedas que Dick va empujando. Cuando Dick va en bicicleta, Rick están en un asiento especial sujeto al frente de la misma. Cuando Dick nada, Rick está en una pequeña pero pesada balsa, estabilizada firmemente, que es empujada por Dick.

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El Team Hoyt se hace mundialmente conocido en el mundo deportivo y motivacional, se masifican sus videos en los distintos escenarios y carreras demostrando su esfuerzo, complicidad y amor que existe entre un Padre e Hijo. Casualmente, llega uno de sus videos a mi Padre, si, mi Padre, también un Capitán retirado de la Armada, sin saber nada de su historia, ver esas imágenes, relaciona que lo que están practicando es Triatlón y que su hijo practicaba el mismo deporte. Yo llevaba ya un tiempo entrenando y no había logrado convencer del todo, lo apasionante que era vibrar por este deporte, lo fuerte que te formada, su grandeza y valores que atribuían a la disciplina, constancia y ganas de superación. Recuerdo que desde que él vio este emotivo video, me miró a la cara y me dijo: “Eres fuerte y valoro todo el esfuerzo que deben enfrentar previo y durante una carrera, te felicito”.

Desde ese momento nació las ganas e interés de mi Padre por las distintas carreras que completaba, entendió las distancias, sabía mis rivales-amigos y proyectaba a largo plazo. Cierro esta etapa con tal seguimiento que hasta consigo que pudiera acompañarme al Mundial 70.3 de Las Vegas el 2013, algo impensado hace unos años por mi Padre.

La vida es dura, la vida es así y el 2016 mi Padre fallece repentinamente. Yo me estaba preparando para el Ironman de Florianopolis 2017, se la dedico en su totalidad y logro sacar ticket para la máxima prueba del Triatlón, el Ironman de Kona, Hawaii. Ya en la isla, cumpliendo un sueño por donde mirara encontraba un atleta profesional o un lugar mítico e incluso leyendas de grandes e históricas carreras, una de estas leyendas fue el encontrarme con el Team Hoyt. Al verlos desde lejos luego del desfile de naciones (ya con las emociones a mil), me voy acercando a ellos y los pelos se me ponen de punta. Precisamente era aquí en esta isla donde mi Padre los había visto corriendo, entregando ese amor profundo de Padre-Hijo. Ya me encuentro frente a ellos y con el corazón a mil. Logro darle las gracias por todo lo que aportaron en mi familia, por el ejemplo de vida que demuestran y por abrir esa ventana a mi Padre por la pasión para el deporte y toda su grandeza.

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Fue y será uno de mis mejores momentos deportivos-espirituales que he vivido en mi vida, poder agradecer en vida a Dick Hoyt que por su convicción de sacar a su hijo adelante, indirectamente conecto a mi Padre conmigo y pudo entregarme momentos imborrables a mi carrera deportiva.

Esto lo llamo, lo positivo del deporte, más allá de los tiempos o kms que uno hace, enlazar una historia así en épocas, países diferentes que se unen y cierran ciclos de tal manera con tal notable concreción.

Hasta siempre Dick y Rick Hoyt.

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Por Manuel-José Conejeros

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Jueves 25 de marzo de 2021

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