El Viaje del Héroe 3


Hace unos días atrás me encontré haciendo zapping en busca de algo que estimulara un poco la mente y tuve la suerte de encontrarme con un documental póstumo sobre Uwe Scholz, gran y reconocido coreógrafo alemán.

Tipo intenso y de sensibilidad superlativa a la hora de hacer de la música algo visible, un exégeta que a través del movimiento lograba encausar y dar forma al torrente musical, el cual, las más de las veces, aparece como inasible. Era pues don Uwe un explorador de regiones ignotas para la mayoría de nosotros, lugares a los que sólo algunos elegidos e iniciados tienen acceso pero que, al exponerlas al mundo en forma de espectáculos, van abriendo la ruta para que todos podamos abrir los sentidos y tocar así de alguna forma el misterio. Y bueno, ahí estaba yo frente a la caja maldita, asombrado ante este ser especial que finalmente no pudo consigo mismo y terminó siendo consumido por su propio talento. Las preguntas entonces resonaron en mi mente, esas más bien densas y que hacen que nos cuestionemos sobre el real sentido y valor de la existencia, haciéndome sentir como una oveja más de este rebaño planetario que parece dirigirse al despeñadero de forma inexorable. Pero entonces fui salvado por el control remoto, que me teletransportó en un tris a la lucha sin cuartel entre dos grandes, al rostro en trance de Vincenzo Nibali intentando volver a la rueda del Ezequiel Mosquera en la ascensión a la bola del mundo, etapa reina de la vuelta a España.

Y sentí que la piel se me erizaba ante tamaña demostración, ante tan hermosa simbiosis entre hombre y maquina. Ver a toda esa gente, que con pasión desmedida se cimbraba en torno a los héroes escaladores, haciendo caso omiso a las horas de espera y al clima hostil, me resultó realmente conmovedor. Poesía, meditación en movimiento pensaba mientras primero y segundo se jugaban la vuelta a punta de pedales. Y ahí caí en cuenta, o más bien confirmé, que deporte y arte no son más que ramas de un mismo árbol, puertas de entrada para una fuente común donde tenemos acceso a una experiencia liberadora, que nos conecta de forma distinta y más profunda con nuestro interior y que nos permite, aunque sea momentáneamente, escapar de la realidad impostada que habitamos y que apunta exactamente en dirección opuesta. Así, y más allá de los resultados o el reconocimiento que se obtenga a cambio, el valor de estas experiencias, deportiva o artística, pareciera estar en la posibilidad que tenemos de utilizarlas creativamente, de ir aquilatándolas en el tiempo y transformándolas en catalizadores que nos pongan en contacto con el verdadero yo que habita nuestros cuerpos y de una forma más esencial con el mundo que nos rodea. El pensamiento hinduista llama Maya (irrealidad) al conjunto de fenómenos que conforman nuestra “realidad” y nosotros, a través de la práctica deportiva, tenemos la oportunidad de romper el velo de Maya y penetrar así en la realidad real. Nada despreciable no!?...

Eduardo Araya Serrano
Entrenador Triatlón
Team Bustos Tbank

Ex-Triatleta
Contacto:
9144 2247
eduaraya68@hotmail.com

 

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