Piel y Triatlón (2ª parte)


Lesiones cutáneas en el deporte combinado

Existe un sinnúmero de lesiones que pueden aparecer producto del ciclismo, trote o natación.


En la natación, lo habitual son las dermatitis irritativas inducidas por el cloro de las piscinas donde entrenamos, en donde la mejor solución (difícil, pero no imposible) es tener la rutina de humectar la piel posterior a la ducha, con algún humectante corporal del mercado. Las lesiones por fricción, generalmente ocurren con el uso de trajes de agua, y se previenen fácilmente con el uso de lubricantes gruesos, tipo vaselina solida o petrolato, disponibles en farmacias, aplicados especialmente en zonas de pliegues y cuello.

En el ciclismo, las lesiones más frecuentes (sin contar las erosiones y quemaduras por fricción de las clásicas caídas), corresponden a lesiones quísticas que ocurren en la zona inguinal o en el punto de apoyo pudendo en el asiento de la bicicleta. Dichas lesiones corresponden a foliculitis, es decir, inflamaciones del punto de salida de un pelo, por fricción o la obstrucción de una glándula sudorípara, que genera la denominada Hidrosadenitis. Ambas situaciones generan nódulos (porotitos) muy sensibles en las áreas de apoyo en el asiento, y su prevención solo está determinada por el uso de un asiento que permita el adecuado apoyo isquiotibial y no pudendo del peso del cuerpo en el asiento, y para lograr eso, es habitual peregrinar por varios modelos y marcas de sillín, antes de encontrar el preciso. Similar proceso se debe realizar en los caso de anestesia en la zona genital, por compresión de la circulación sanguínea de los nervios pudendos, generada por el sillìn. Dicha compresión, disminuye la irrigación de los nervios sensitivos de dicha zona, con hipoestesia o anestesia secundaria. Este fenómeno, en forma repetitiva, puede inducir trastornos en la sensibilidad genito-crural, de manera permanente, por lo que un sillín adecuado es fundamental.

Respecto al trote, además de las lesiones por fricción, tenemos dos situaciones tremendamente frecuentes y repetitivas en los triatletas: el traumatismo y desprendimiento de uñas de los pies y las bulas o ampollas por fricción. En este punto, quiero destacar que la mayoría de las personas a las que les ocurre esto, culpan a sus zapatillas, a la marca, al modelo, a la pronación o no pronación, en fin, terminan cambiando 3 ó 4 veces de modelos de zapatillas, pero el fenómeno se repite. Esto se debe a que ambas situaciones (ampollas y uñas traumatizadas) se producen por la pérdida del tono muscular del aparato locomotor del tren inferior, lo que induce en forma involuntaria, un tipo de pisada que es absolutamente anómala y no corresponde al paso habitual de ese corredor en circunstancias de menor fatiga muscular. La pérdida de la capacidad de supinación o pronación, la pérdida en la capacidad de elevar la punta del pie en la zancada (pie equino), es propia de la fatiga muscular y la acumulación de acido láctico muscular, debido al desgaste energético de las pruebas previas (natación y ciclismo). La única manera de prevenir estas lesiones, no es comprar una zapatilla un número mas grande, sino que entrenar fondo, acostumbrar al cuerpo a la transición ciclismo-trote, recuperar energía durante la competencia a manera de geles de glucosa y maltodextrina y la hidratación permanente durante la actividad competitiva. Sólo esta situación, evitará esas molestas ampollas y terminar con 2 ó 3 uñas (y a veces más) con hematomas o francamente desprendidas de su lecho. Sin duda, es de vital importancia utilizar zapatillas que queden cómodas, que se adapten al tipo de pisada (pronador-neutro-supinador) junto a un adecuado calcetín deportivo.

Francisco Chávez Rojas
Dermatólogo - Anatomopatólogo

Triatleta
Route
fchavezr70@gmail.com


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