Manuel Segura: "El debut de El Campeón"


Race Report Triatlón Papudo Augusto Scalon 2017

El debut de “El campeón”

Inicié mi entrenamiento en febrero de 2017, el objetivo era debutar en abril del mismo año. Al paso de los días y semanas, me di cuenta de que era mucho más difícil de lo que yo suponía, la natación, el agua, un medio totalmente desconocido y poco natural me daba un golpe bajo y postergaba mi debut. Siempre fui un nadador de piscina y lago, nadaba distancias cortas, chapoteaba y me consideraba una persona que gozaba del agua, pero nadar distancias largas es otra cosa, es una exigencia totalmente diferente, la respiración, la coordinación, es para mí un desafío.

En junio me inscribí en Papudo, un sprint, ya nadaba fácilmente 2.000 metros en la piscina, por lo que consideré que 800 metros eran logrables, pensé que 20 minutos era un tiempo razonable para salir del agua, luego la bici y el trote serían la guinda de la torta, incluso tuve la ilusión de llegar en un buen lugar, tener un debut soñado.

Programé el viaje con tiempo, mi señora y mis 3 niños me acompañaron como barra oficial, hicimos las maletas y nos fuimos a Papudo.

Como recomendación les digo que conviene hacer una lista de lo imprescindible para la carrera, en mi caso tuve que devolverme a buscar el casco y el día de la carrera olvidé mi isotónico, elemento fundamental para la salida del mar.

Llegó el día, un día gris, de llovizna, llegamos a la playa, miré las boyas, que parecían estar casi en el horizonte. No pueden ser 800 metros! La angustia comenzó a apoderarse de mí. Un triatleta experimentado me comentó: “El problema es que el viento y las olas han corrido las boyas”, me recorrió una sensación de ¿¡qué hago aquí!? Dan las instrucciones y dispararon, el grupo entró rápido al agua, yo me quedé atrás, tímido y cauto, con miedo, tomándome la natación con tranquilidad, el agua estaba helada y el mar oscuro, recordé mis clases en la piscina y comencé mi primer intento de nadar, el cual no duró mucho, no veía nada, lo que me hizó nadar en estilo water polo, con la cabeza afuera, pasé la primera boya y las ganas de abandonar empezaron a crecer, no era el único, ya que vi a un triatleta que comienzaba a retroceder, dudé, pensé en mis hijos y es lo que me hizo seguir, miré la segunda boya y ésta parecía alejarse, tomé aire y vamos adelante, en ese momento el grupo ya se había alejado, me sentía solo en el mar, miré a mi alrededor y vi a los cayaquistas y un bote pescador, lo que me hacía sentir seguridad. Llegué a la segunda boya cuando escuché unos gritos pidiendo ayuda, un segundo triatleta abandonó ayudado por el cayak, nuevamente me recorreió una sensación de angustia que podría frustrar mi debut, miré la tercera boya y pensé que nadar horizontalmente al mar se me hará más fácil, nada de eso pasó, fue igual de difícil, al llegar a la tercera boya comencé en diagonal hacia la playa, en ese momento no daba más, me puse de espaldas, para tomar aire y descanzar. Al incorporarme, se me perdía la playa, le pregunté a un cayaquista, hacia dónde estaba la playa! Me apuntó con el dedo y yo, confiado comencé a flotar hacia esa dirección, vi la playa, las personas se veían como hormigas, pensé que faltaba mucho, pero es el último tramo y no podía aflojar. Había leído que uno tiene que nadar hasta que tus manos toquen el fondo, ya que al incorporarse, el agua te llegaría a las rodillas y puedes salir del agua más fácilmente, nada de eso pasó, apenas toqué fondo con la punta del dedo, me paré, sentí un gran alivio de tocar tierra, salí caminando, de los últimos de mi grupo, fueron los 33 minutos más largos de mi vida, literalmente 33 minutos debajo del agua.

Una vez en la orilla, una señora me grita, vamos!! Ya pasó lo peor!! Cuánta razón tenía, la verdad es que el agua, el mar de Papudo, fue lo más difícil que he hecho.

Después de ese grito, comencé un trote suave, en eso veo a mi familia que me daba ánimo y me apoyaban gritando en compás, Papá! Papá! Papá! Eso me dio más fuerza y me fui raudo a buscar mi bici.

En ese momento eché mucho de menos mi isotónico olvidado en casa, salí con la boca muy salada, por lo que algo dulce, habría sido un regalo del cielo.

La bicicleta fue agradable, anduve a mi ritmo sin esforzarme mucho, venía el trote y quería terminar bien, llegué a la transición para el trote y nuevamente mis niños en compás apoyando, Papá!! Papá!! Papá!! Eso fue una inyección de energía, mucho mayor que un gel de glucosa. Me acompañaron durante todo el trote, como eran dos vueltas me crucé con ellos en 4 ocasiones y sus gritos de apoyo eran cada vez más grandes, crucé la meta y todos me esperaban con un abrazo emocionante, me entregaron mi medalla de finisher y después el premio mayor, mis dos niños mayores de 7 y 6 años me dicen a coro, Papá, yo también quiero hacer Triatlón, ahí sí, me sentí todo un campeón!!

Manuel Segura

Fecha de la carrera: Domingo 26 de noviembre de 2017

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