Tomás Crestani: “El Ironman de los que no corren la carrera”


Race Report Ironman Brasil 2017

“Lucía tiene 3 meses y medio. Llevo entrenando para hoy tres meses y medio…”

Ese fue mi mantra durante el maratón del Ironman de Floripa. No podía dejar de pensar que estaba inmensamente feliz por estar cumpliendo el sueño de correr un IM 140.6, pero al mismo tiempo ponía sobre la balanza el esfuerzo que significó llegar hasta ese punto.

Un gran esfuerzo. ¡Pero no me refiero a mi esfuerzo! Si quisiera hablar de mí seguramente me centraría en los entrenamientos, levantadas a las 5 AM, la alimentación, las lesiones y recuperaciones, etc. De eso se puede encontrar mucho en varios Race Report y de atletas mucho mejores que yo. Me refiero al esfuerzo, perseverancia y cariño de los que te acompañan en este proceso.

Después de haber terminado mi primer 140.6 puedo asegurar que hay pocas cosas tan egoístas en la vida como la preparación de un Ironman. Todo se trata de ti (todo, lo verbalices o no), tu vida y la de los que te rodean empieza a girar en torno a tu entrenamiento; calzar los compromisos familiares con los largos de pedaleo del fin de semana, acostarse temprano para rendir en la piscina, comer sano y a la hora que corresponde para estar más liviano en el trote, evitar tentaciones para bajar el índice de grasa, etc. Todas esas privaciones y ajustes, quieras o no, arrastran a los que están cerca y finalmente creo que les deja sólo dos opciones: subirse “al proyecto” como si fuera de ellos o simplemente quedarse abajo.

Dada mi introducción creo que tiene sentido poner un poco en contexto el momento de mi vida en que encajé mi primer Ironman.

Carolina, mi señora, tenía 3 meses de embarazo cuando me inscribí a Floripa. Nos habíamos casado hace un poco más de un año y nuestra decisión de ser papás se veía cada más cerca con la espera de Lucía. Yo por esos días intentaba con sutileza comentarle qué le parecía si me inscribía al Ironman (vendiéndola casi como unas vacaciones familiares…). Estaba feliz por la llegada de nuestra primera hija, pero al mismo tiempo ya me había picado el bicho del IM 140.6 y sentía que era algo que “tenía que hacer”.

“La Caro” obviamente tenía varias preocupaciones al respecto. Comprensiva y buena onda me decía que lo dejara para el 2018 ó 2019, pero yo sentía que esto no tenía vuelta atrás. En las noches veía los resúmenes de Kona en Youtube, en el día empezaba a armar el viaje y calcular fechas, en los entrenamientos le preguntaba tips a los más antiguos del TYM que ya habían corrido y en los asados de fin de semana alineaba a nuestros amigos para que convencieran a la Caro de que después iba a ser aún más complicado y el momento era ahora. Al mismo tiempo empezaba a reprogramar el inicio del MBA de marzo a septiembre para que no me topara con el posible entrenamiento.

Después de conversarlo y acordarlo me inscribí. Siempre bajándole el perfil a Floripa, diciendo que cualquier cosa que pasara “por último no iba no más” (por dentro sabía que tenía que ir). Ya con la decisión tomada siempre incluí en todo a la Caro y Lucia (quién aún no nacía): pasajes, estadías, planes, etc. Yo siempre le decía que esto lo hacíamos entre los tres e íbamos como familia o no iba nadie, no se me pasó por la cabeza un escenario en el que iba solo.

Continuando con la historia, Lucía nació el 16 de Febrero (la misma fecha del cumpleaños de mi papá que murió cuando yo tenía 16 años). Con seguridad ese es hasta hoy el día más feliz de mi vida. Sólo ahí pensé en botar el proyecto Floripa, pero la idea no me duró mucho tiempo. Por esos días estaba partiendo el específico para Floripa con el TYM del gran Rubén Arias. Evidentemente estaba feliz con mis incipientes labores de padre, pero igual un lado de mi pensaba que me estaba quedando atrás al no empezar a entrenar la misma cantidad y calidad que el resto.

Después de la llegada de Lucía parte el real esfuerzo… de la Caro. De lunes a viernes me levantaba muy temprano y me iba a trotar o nadar y luego pasaba por la casa para ducharme y partía directo a la pega sin siquiera tomar desayuno, en las tardes llegaba a la casa cerca de las 19:00 hrs para cambiarme de ropa y salir a entrenar nuevamente o en el mejor de los casos me quedaba en la casa encerrado haciendo rodillo. Los sábados salía a las 6:30 AM a los largos de pedaleo y volvía a la casa pasada las 16:00 y los domingos a Farellones (ahora que lo leo me siento culpable…). La Caro por su lado, siempre apoyadora y comprometida, hacía todo lo humanamente posible por apoyarme con los entrenamientos dedicándole el 100% de su vida a nuestra hija, incluso haciendo poco ruido en las levantadas nocturnas para que yo pudiera descansar y siendo empática con mi constante cansancio físico.

La primera prueba como familia viajera fue el 70.3 de Lima, fuimos con Lucía de dos meses y en general nos fue bien, no hubo mayor problema en los vuelos y sólo la carrera se les hizo a ellas un poco pesada porque al final el sol estaba muy fuerte y no había lugares para sentarse o descansar, mucho menos para cambiarle el pañal a una guagua. Hay opiniones encontradas respecto a viajar con lactantes, incluso entre los mismos doctores, no quiero ahondar en este tema pues no soy experto, sólo quiero comentar que creo que las guaguas están bien con sus papás independiente de donde estén, claro, siempre y cuando se tomen todas las precauciones necesarias.

Cuando llego el esperado momento de Floripa, con Lucía ahora de tres meses y medio, ya teníamos un poco más de experiencia y los traslados, vuelos y la carrera salieron de forma más natural y finalmente pude concretar este sueño personal en compañía de mi familia. Salí a pasarlo bien y lo logré.

Lo que intento contar en estas líneas es que a veces quizá no nos damos cuenta como triatletas que nosotros corremos y nos colgamos las medallas, pero estamos lejos de ser los únicos que nos las merecemos. A veces nos centramos en repetir que estamos haciendo realidad un sueño y que nos lo merecemos, pero nos olvidamos que hay sueños conjuntos, anteriores, distintos.

El camino a Floripa fue un regalo que me hizo mi esposa y mi familia y así lo veo. El esfuerzo físico de ese día fue mío, pero el Ironman de la Caro partió varios meses antes y fue mucho más duro y solitario.


Sebastián y Tomás Crestani

Mi hermano Sebastián entró al Triatlón hace un año y aperró con Floripa para que nos acompañáramos en los entrenos (otro Finisher). Mi hermano mayor Felipe, se puso la camiseta de papá y nos acompaño a 2 Pucones, Lima y Floripa. Mi hermano Pablo y la Mamá siempre estaban preocupados de los resultados de las carreras. Mi hermana Francisca y mi Papá desde el cielo ayudaron para que todo saliera bien. Los amigos siempre te siguen en vivo y te tiran buena onda.

A mi Gordita (La Caro) que me ha acompañado en todas las carreras, desde mi primer Sprint en Chiloé, Pucones, NY, Lima, Floripa, etc, etc. Gracias por ser mi mejor amiga, mi nutricionista deportiva, la mejor madre que una hija con un papá que se cree triatleta puede tener, por apoyarme en estas cosas sólo por saber que a mí me importan. Gracias por todo, de corazón.

Gracias a Rubén por hacerme creer en mí mismo y a los grandes del TYM que fuimos, este año, todos Finishers!

Para terminar esta suerte de reflexión que no se acercó para nada a un Race Report, no creo que exista el momento perfecto para preparar un 140.6, siempre van a haber peros: trabajo, familia, plata (no es poca la que se gasta), estudios, etc. Al final se trata de ver qué red de apoyo tienes detrás y si esta te aguanta. Yo me di cuenta que tengo una y muy buena, ahora me toca cuidarla.

¿La carrera? Ah, si… 11 horas y 8 minutos, un poco más de lo que esperaba para la primera vez. Lo pasé bien y dolió menos de lo que pensé. El próximo 140.6 será mejor ;)

Tomás Crestani
TYM

Fecha de la carrera: Domingo 28 de mayo de 2017

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