Muerte súbita durante la actividad deportiva


Sin duda, todo el mundo del triatlón se remeció al conocer la lamentable noticia del fallecimiento del deportista argentino de 31 años, Iván Páez, acaecida durante el desarrollo del triatlón 70.3 de Pucón 2012. Ante una noticia tan terrible e impactante, muchos de nosotros nos cuestionamos qué pasó, qué hizo o no hizo mal o qué originó este fatal desenlace. En estos últimos años, hemos visto en las noticias de Chile y el mundo como algunos deportistas han caído fulminantemente muertos, ya sea entrenando o en el desarrollo de un partido o actividad competitiva.

En este artículo mencionaremos fundamentalmente la causa más frecuente de muerte no traumática en la actividad deportiva, que corresponde al origen cardiogénico. El atleta o deportista generalmente se siente inmune a un eventual accidente cardiovascular, debido a que deporte es sinónimo de salud y por ende, nada más alejado del concepto de sedentarismo, tabaco y obesidad, factores de riesgo altamente asociados a las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, no debemos olvidar que el deporte demanda una alta exigencia al aparato cardiorespiratorio y en especial el triatlón genera altas demandas de oxígeno por parte del sistema muscular, dentro del cual se incluye al músculo cardíaco. Normalmente, el deportista entrenado genera un crecimiento de la musculatura cardíaca, proceso denominado hipertrofia del miocardio. Todo músculo hipertrofiado requiere un aumento de la irrigación sanguínea, lo que en el caso del miocardio (músculo cardíaco) es aportado por las arterias coronarias, que son las arterias que clásicamente se van obstruyendo con el paso del tiempo, el tabaquismo, la comida chatarra y el sedentarismo, por la formación de unas placas que obstruyen el flujo sanguíneo, placas denominadas de ateroma, de ahí el termino atero o arterioesclerosis. Paradojalmente, en el individuo sedentario que desarrolla esta arterioesclerosis lenta y progresivamente, se desarrollan mecanismos de compensación, como es la aparición de nuevas ramas de las arterias coronarias (neovascularización del músculo cardíaco) que funcionan como circulación “alternativa” en el caso que se produzca una obstrucción severa y brusca de una arteria coronaria. En el deportista entrenado en cambio, la circulación alternativa o colateral es más escasa o poco desarrollada, por lo que una obstrucción súbita del aporte sanguíneo al miocardio produce un daño devastador. El infarto al miocardio se produce debido a la obstrucción total o casi total de una arteria coronaria, lo que le quita el aporte de oxígeno al músculo cardíaco. Si a ese aporte inadecuado de oxígeno, agregamos que no hay circulación colateral, y estamos realizando una actividad altamente demandante de oxígeno, como es una prueba de triatlón, no es difícil deducir que el daño al músculo cardiaco será extenso, lo que induce una falla cardíaca aguda (insuficiencia cardíaca), con edema pulmonar (líquido en los pulmones) y arritmias que usualmente son fatales o requieren manejo altamente especializado (desfibriladores, medicamentos antiarrítmicos endovenosos), del que usualmente no se dispone en el sitio de la competencia. Debemos destacar que la causa primera de muerte en casos de infarto al miocardio es por arritmias fatales, debido a que el sitio en donde se genera y transmite el impulso nervioso en el corazón sufre un daño por la falta de oxígeno al músculo cardíaco.

La otra alternativa de muerte súbita cardiogénica durante una competencia no se refiere a la circulación coronaria ni a la falta de aporte de oxígeno al miocardio, sino a una condición congénita (desde el nacimiento) tremendamente difícil de detectar y diagnosticar, conocida como displasia arritmogénica ventricular, que consiste en la presencia de tejido graso en el músculo cardíaco, predominantemente en el ventrículo derecho del corazón, lo que es anómalo, puesto que el tejido graso del corazón no está normalmente en el músculo, sino en una cubierta cardíaca externa denominada pericardio. Sin entrar en detalles técnicos electrofisiológicos, sólo vale la pena señalar que esa grasa intramuscular genera anomalías en la transmisión y generación del impulso nervioso que produce el latido cardíaco rítmico, por lo que frente a situaciones de alta demanda de oxígeno por parte del miocardio, se producen focos arritmogénicos a nivel del ventrículo, lo que implica que el reloj que mantiene el latido cardíaco rítmico y ordenado (el nódulo sinusal) pierde el control de ese ritmo, el que es “capturado” por ese foco ventricular eléctrico, que genera una frecuencia cardíaca por sobre los 260 a 280 latidos por minuto, lo que se traduce en una contracción cardíaca ineficiente, que no aporta el adecuado flujo sanguíneo y aporte de oxígeno al cerebro, con la consecuente pérdida de conocimiento y si la situación no es revertida al cabo de unos minutos se produce la muerte.

La patología obstructiva coronaria se puede detectar a través de estudios de exigencia cardiovascular, como el test de esfuerzo y en los ecocardiogramas de reposo y esfuerzo, por lo que suele ser mas fácil detectar una posible obstrucción al flujo sanguíneo del corazón, tratarla y tomar las medidas pertinentes de prevención, en relación a la nutrición y actividad física, entre otros factores relevantes.

La displasia arritmogénica no se detecta con el electrocardiograma, ni con la ecocardiografía, ni con el test de efsuerzo, por lo que rara vez es diagnosticada, a menos que se busque dirigidamente con el único examen capaz de detectarla: la resonancia nuclear magnética cardíaca. Este es un exámen de alto costo y muy específico, por lo que no está al alcance de todo el mundo, sin embargo, es una opción a considerar para estar más tranquilos al realizar la práctica de deportes altamente exigentes como es el triatlón.

En conclusión, inclusive la población considerada más sana y de menos riesgo cardiovascular, como son los deportistas habituales (3 o más horas a la semana de entrenamiento), pueden sufrir accidentes cardíacos fatales, sin embargo, no debemos olvidar la visión más amplia de la actividad deportiva, que implica definitiva y claramente menor riesgo de enfermedad y muerte cardiovascular, hipertensión arterial, obesidad, diabetes y cánceres gastrointestinales, entre otros múltiples beneficios físicos y psíquicos.

Francisco Chávez Rojas
Dermatólogo - Anatomopatólogo

Triatleta
Route
fchavezr70@gmail.com


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Excelente artículo Francisco, muy instructivo. Muchas gracias.

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